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ISSN 1989-4163

NUMERO 44 - VERANO 2013

Diario Tópico de una Mujer Competente

Rosa Mª Ortega

   La realidad supera ciertos tópicos que suelen poner de muy mala gaita: el tópico de la desmemoria con despiste en terreno laboral.

   Colaboro en una emisora de radio local y, todos los sábados por la mañana, un compañero con programa en directo, me formula exactamente la misma pregunta cada siete días: “Oye, Rosa, tú que vienes a diario, ¿sabes si alguien ha tocado la mesa de sonido? Hay un canal que no funciona.” Al principio, me parecía racional y ecuánime, y yo, condescendiente. Pero, a medida que han ido pasando sábados, semanas y meses, mi compañero, el de marras, algo flemático y obtuso, me ha transportado, absorta y abrupta, una y otra vez, al puto Día de la Marmota en Punxstawnwey con la insigne cuestión de turno. He llegado a examinar sus pupilas, por si notase algún desarreglo con dilatación (abuso de drogas, hipnóticos y/o estupefacientes), pero nada. No hay disfunción visual ni somática aparentemente a la vista. Así es que, a día de hoy, que vuelve a ser sábado, hago un esfuerzo ímprobo por convencerme de que soy una persona resiliente, y sigo con la misma incertidumbre que me lleva a cuestionar si el lumbreras advierte o no, en su sano juicio, que todos los sábados por la mañana, desde hace cuatro meses, me pregunta siempre si alguien ha tocado la mesa de sonido. Que hay un canal que no funciona.

   Bregando con el tópico típico de la actitud farisaica, la de la vieja amiga que regentaba un videoclub. Perdón, regenta. De las que pasan veloz y fugazmente por tu vida y por la suya, digamos, por espacio de un par de años, que no es mucho, pero el tiempo preciso. En mi singular balanza: el afecto y la indolencia, a merced esta de un novio que se echó y que, por lo visto, consume su espacio vital al completo. Debió de repetirme en una letanía unas diez o doce veces lo de “tenemos que vernos y tomar un café”, y ya es la segunda que me reencarna en Bill Murray. Que me podíais haber puesto a cazar espectros (por cambiar de película, digo yo). O a seducir a la Johansson en el Tokio de Lost in Translation (aunque de féminas, no entiendo), pero está visto que mi albur es el jodido Día de la Marmota. Así es que una tarde, le dije que tenía mi número, dirección de correo y, si cruzaba la calle, mi casa. Y un abrazo. Pero no hubo respuesta. Y cuatro meses más tarde, un amigo me cuenta que la chica del videoclub le ha preguntado por mí. Que cómo estoy. Que si estoy mejor de lo mío. ¡Los cojones! Vuelvo a escribirle y me reitero en que seguirá teniendo (sospecho) mi número, dirección y, en lo que a mí respecta, un abrazo. Que sigo viviendo a minuto y medio, al cruzar la calle, y que si de verdad tiene interés en saber cómo estoy (de lo mío, que no sé si lo mío es con ella, con el mundo, o a secas y en pelotas), puede (y debe, bajo el auspicio de la sensatez) preguntarme directamente a mí, en lugar de hacerlo, cobarde y esquiva (reiterado rasgo de estupidez humana), tras un mostrador, a un cliente. Y no ha habido respuesta.

   Cuestión de extremidades, la realidad supera el tópico macabro. Algunas mujeres americanas se han vuelto gilipollas, y se han amputado el dedo meñique del pie para poder llevar tacones sin que les duela, porque, por lo visto, si prescindes de tu dedo más pequeño, el pie cabe y se adapta al zapato más estrambótico que te quieras calzar. Hay que ser francamente idiota.

   Bien, MI tópico típico particular: este mes cumpliré los 40. Lo escribo en cifras, que queda más claro. Estoy en la mejor edad por la que pasa una mujer. Mi crisis, mi afrenta, es otra, no esa. Me cuido. Bebo dos litros de agua al día. Como de todo, pero sano. Cuatro piezas de fruta, verdura, dos yogures, hidratos. La suficiente proteína. Nueces. Nivel de colesterol HDL (el bueno) gratamente alto. Desayuno generoso. La cena, ligera. Soy de tensión baja (mejor). Enérgica, vital y autosuficiente. No tomo bebidas carbonadas. No soy guapa, pero sí atractiva. 85. Alguna vez la 90. Pero bonitas y bien puestas, y no pienso entrar en un quirófano para ponerme más tetas. Camino 45 minutos diarios. Hago estiramientos y relajo el cuello antes de ir a dormir. Leo al menos veinte páginas de un libro. No fumo. Hidrato mi cuerpo después de la ducha nocturna. Pinto, escribo, sé tejer y coser. Reciclo mi propio vestuario con ingenio. Se me dan bien las manualidades. Camino sin problema con tacones, y no pienso amputarme el meñique. No soy alta, no tengo piernas largas (ni puta falta que me hacen, porque las que tengo, me llevan a todas partes). Suelo recibir piropos. Ortografía excelente. Dominio de la sintaxis, gramática y léxico. Bonita voz. Soy extremadamente sensible, pero gasto malas pulgas. Carácter y personalidad fuertes. Responsable y exigente, hasta cierto punto. También tolero. Tengo capacidad de amar a un solo hombre por encima de todas las cosas, y creo fehacientemente que el amor podría funcionar para siempre. Hasta la médula, fiel. Hay 2 clases de mujeres: 1./ La que te acuestas con ella y, cuando acabas de hacer el amor, te levantas, te vistes y te vas. 2./ La que te acuestas con ella y, cuando acabas de hacer el amor, la abrazas y te quedas. Soy de las segundas. Extremadamente sincera, muy sincera. En ocasiones, lacrimosa y, topicazo, estoy a, digamos, 2 horas de flujo menstrual. A punto de bajarme la regla.

   Este mes cumpliré 40. Y, a pesar de todo lo que soy y de lo bueno que tengo, NADIE me ofrece un empleo, y algunos me lo quitan. 3 amigas reales con quienes puedo contar (ficticias, más de 3, pero esas no cuentan). Una familia incondicional. Lo(s) demás: superfluo. Va y viene.

   Pero…no paren el mundo, que no me quiero bajar.

   Esto…lo mío…es un tópico??

 

Diario tópico de una mujer competente

 

 

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